
La noche es plácida. Hay leves movimientos de pastos bajo la luz del foco descubierto. Y yo pienso en vos. Ciertos vientos danzarines se desparraman por el sector sin mucha coherencia, pero felices. Hay unas guitarras y personas en las guitarras. Los sonidos inundan el viejo galpón. El piso de madera y las paredes de colores crean un espacio austero y bello. La noche dice cerveza. Mientras la bebo miro mi sombra recortada en la pared y pienso en vos. Hay algunos tirados en el piso, en colchones, miran el techo y escuchan la guitarra y el pasar ágil de las canciones. Luego alguien leerá poesía, profundas palabras unidas a profundas emociones. Me sentí tan bien esa noche. ¿Quién era ese que era yo? Era un yo… escuchando, sonriendo, reconciliándose con energías, a los costados del camino, ahora. Viendo como tantas pequeñas cosas se brindan con solo estar permeable. Y yo pensando nuevamente en vos, mientras otra guitarra y otro cantante ponían sonidos a la noche. Luego vendría la proyección de dos películas. Una breve y olvidable. La otra sorprendente y amigable con una hermosidad de secuencias fotográficas, enorme guión. Y mi sombra en la pared, y yo pensando en vos, sintiéndote allí conmigo, sin estridencias, con la complicidad que sabemos. Recordando las tres palmadas y el primer registro -el sonoro- donde las palmadas en el hombro fueron un pam-pam, al golpear mi ropaje. Pero luego mientras caminaba y subía al auto, se completó el relato agregando la acción al sonido y siendo un pam-pam-pam del impactar grácil de tu mano otra vez en mi hombro desprevenido y feliz. Luego, saludar a todos, abrazar a algunos, decir hasta pronto y nos volveremos a ver. Regresar en la noche al descanso calmo, a dormir, pensando en vos, reteniendo tu aroma, otra vez en los alrededores de mi, dulce bocanada del aire de la madrugada donde también estás.