Ei! Cuánta instancia! Cuánto tiempo en un solo tiempo! Zapping! No me adapto al cambio de horario. No me adapto. Por algun motivo el otro sistema se adaptaba mejor a mi bio-ritmo. En fin, es cuestión de tiempo. Mientras me adapto, pienso en vos. Zapping! Pienso en una campiña, en el recorrido que va de un punto a otro de lugares por recorrer en la tarde. Pienso en un monte poblado de verde sombra, para la siesta. Pienso en lo que cuesta comunicarse en códigos y en lo facil que és. Pienso en que mis manos transmiten mejor que mis palabras. Por allí donde van mis manos va también mi boca. Manos y boca recorriendo la superficie erizada de la mujer que me gusta!!! La mujer a quien le reconozco el modo de caminar de entre mil mujeres caminando. Allí va ella -diría yo en ese instante-. Entre todo ese gentío, allí, va con su modo único de moverse y que reconocería entre la muchedumbre aún con ella oculta detrás de cualquier agenda, la reconocería con felicidad. Mi rostro se ilumina al reconocerla y se activan mis zonas erógenas en un proceso intimo que se refugia en andares internos. Mientras sigo sin adaptarme al cambio de horario, pienso en ti. Mis brazos se aprestan para el abrazo. Al abrazar se juntan, un poco la historia, un poco el presente, todo se conjuga. Mi piel como un mapa sensor se vuelve oasis ante tu otra piel, la de los roces. Mi boca rodea tu sexo, lo toma. Imagino escenas eróticas que se enlazan fuertemente unas con otras. El deseo irresistible de sentirte y que me sientas. Zapping! No me adapto al cambio de horario. Mientras eso sucede los besos que invento se mezclan con agua sobre tu espalda, sobre tu frente, son caricias que provienen de zonas únicas, que se despliegan en tiempos únicos. Zapping! De nuevo el abrazo, la recepción de la brisa de la tarde, de la noche. Me encantás unicamente. No se si tengo mejores formas de decirlo. Pero, es que quiero decirlo, usted me encanta. Vos me encantás. Zapping! Los momentos se enrollan a procesos bellos. Es simple, compañera, usted ha instaldo sonrisas en mi. A veces ni se como responderle. Me dejo llevar. Hemos sabido encontrar en la intimidad cierta palpable cosa feliz, pequeña, que crece, que se puebla de caricias. Es un gesto que nos busca. Es un tiempo dulce, ver tus ojos es un tiempo dulce. Quiero tu cintura entre mis brazos, elevarte, apoyarte sobre la superficie del mundo y atrapar tu boca, sentir tu fibra latiendo, dejarme llevar por toda tu hasta sentirme todo yo, encendido, contigo mujer, esa mujer que eres, que me gusta, que me lleva y me gana desde el aire bello y mágico de desvestirla, si fueran vestidos los levantaría desde los bordes inferiores hasta sentir inmediatamente sus muslos erizados y llevaría mi cabeza a ingresar entre el lienzo y su piel hasta ubicar el punto exacto donde vibra nuestra cuerda, elevaría el ropaje, te giraría hasta afirmarme en tu espalda de suaves curvas que anuncia alegría hacia arriba y hacia abajo, que impulsa nuestra feliz complicidad, tendría de uno y otro lado el abrazo a brazo extendido, a mano recorredora de ti, donde solo existe el hallazgo de más y más zonas calientes. La próxima siesta/noche, ven con un vestido, corazón.