Vincent camina, la cámara lo sigue. Jules se le adelanta un poco. Ahora la cámara sigue a ambos. Estás buscando acomodo. Tu mano derecha está saltarina. Vincent y Jules recorren pasillos con la tranquilidad que les da el saber que el guión ha sido benigno con ellos al menos en esa instancia. A Vincent lo observo un poco más. Le busco la vuelta. Travolta nunca fue un actor que mereciera ese papel. Le busco la vuelta y hasta creo encontrarle defectos de actor pero no se. Pudiera estar eso también digitado. Tarantino no es ningún boludo. La noche se madruga. Mi mano izquierda se acerca a tus cabellos. Un silencio pre-tormenta recorre todos los rincones. Una calma de dos se asienta. Vincent y Jules llevan ese diálogo de filosofía simplona a limites extremos. Todo indica que están por liquidar a alguno y eso hace que el diálogo sea aun más molesto. Sigo los gestos de Vincent, casi logra convencerme en su actuación, pero no me cierra, hay un exceso de despreocupación. Debo ver de vuelta esta parte. Golpean una puerta e ingresan para ¿ajusticiar? a un supuesto rompe-códigos. El clima se tensa rápidamente. Todo indica que vendrá la balacera y es el punto en que me abrazás. Aprovechó a rodearte con mis brazos. Mi mano derecha roza tu frente y vos no querés mirar. Vincent se ubica observador, se aleja del foco de la escena, huye hacia el fondo, se esfuma en segundo plano. Es una parte demasiado intensa como para confiarle a Travolta el protagonismo en ese punto. Tarantino lo sabe y sutilmente deja todo en manos de Jules. Jackson no se va a perder ese momento y pone toda la carne en el asador. Lleva adelante un monólogo que fluctúa entre climas y recita un pasaje bíblico que terminará por definir la toma. Siento como tu respiración se relaja y algunos músculos dispersos sueltan pequeños temblores indicando que inicias el duermo, el abandono hasta luego. Jules reparte tiros convencido de que hace lo correcto. Pero algo sucede.
Vincent y Mía bailan. Las crónicas hablan de una escena ya de culto en el cine y el acierto de la misma no es más que la poca estructura que la guía. Son dos parientes bailando en el casamiento de la prima Betty. Asi de simple. La cosa sigue en casa de ella. Esa parte tendrás que verla. Vale la pena.
La película avanza. Ya estás durmiendo. Tu mano derecha busca mi mano. Tu sueño se entrecorta. Girás hacia mi, te movés otra vez hasta apoyar tu mejilla en mi pecho. Mi brazo izquierdo te toma por la espalda. Mis dedos recorren tu pelo y tu frente. Estás dulce.
El film se lleva la noche, la condensación del abrazo continuo, la línea que escribo en silencio con restos de un soplo que dice “me ha gustado abrazarte y que me abraces en esta noche, masiado”
Atrás quedó el chocolate. El vino blanco. La picada campestre. La charla. La belleza de tu imagen en perspectiva y un colorido manojo de sonidos íntimos cruzando la tarde.